Juan Pablo Meneses, el cronista chileno que se hizo famoso con su Equipaje de mano, un libro de 2002 que recopila historias de viajes inusuales -como aquel que hizo por tierra, junto a barristas de la Universidad Católica de Chile, hasta la Argentina, donde el cuadro azul y blanco debía enfrentarse con River Plate- volvió este año a librerías con una nueva publicación: Niños futbolistas. Es su sexto libro en once años. Para este último trabajo vino a Lima, a buscar la historia del debut de un jovencísimo Lionel Messi en un campeonato internacional: la Copa Amistad Cantolao 1996. Pero lo que más llama la atención de este libro es que el autor se planteara la posibilidad real de adoptar un niño y ofrecerlo como futuro crack en Europa, con el objetivo de mostrar cómo se mueve el negocio del fichaje de menores de edad en el mundo.

Viajar a Lima para investigar, buscar en serio un pequeño jugador de fútbol con el propósito de adoptarlo, sentarse finalmente a escribir, lo de Meneses es planificar a largo plazo. Es su receta no escrita para redactar libros de no ficción. ¿Quiénes aplican este esquema -que parece bastante elemental- en el Perú? ¿Los periodistas? Sí  y no. Deberían hacerlo si aspiran a publicar libros, pero una gran mayoría no lo hace.

Esto pasa incluso con los que ya se han planteado un tema a desarrollar. El día a día ha terminado por devorarlos.

Voy a poner un ejemplo. Hace un tiempo, un experimentado periodista de investigación adquirió un compromiso editorial para trabajar un libro sobre un tema que conocía a profundidad pues lo había desarrollado en las páginas del diario para el que trabaja. Era un escándalo militar muy sonado en su momento. Sus obligaciones con su propio diario, y algunas responsabilidades como docente, lo han terminado alejando del que debía ser su primer libro.

Para colegas como Marco Avilés, quien publicó en 2007 Día de visita, un libro sobre los días de las mujeres que cumplen condena en el penal de Santa Mónica, y Luis Felipe Gamarra, autor de Pequeños dictadores (2007), una serie de perfiles de personajes ligados al fujimorato, los reporteros que aspiran a publicar libros deben trabajar dos agendas, casi como si fueran agentes de contrainteligencia.

La primera es la de corto plazo, la de todos los días, dedicada a las notas que publican en los medios en que trabajan. La segunda es la de largo plazo, la que les permitirá investigar para sus libros. Esto también parece elemental pero no lo es tanto. Sobre este punto, Marco Avilés es más claro: “Los periodistas alucinan que harán los libros en sus vacaciones o en años sabáticos, pero los libros, creo, tienen que hacerse en las redacciones”.

Finalmente, hay que saber aprovechar las ocasiones. Buenos Aires se inundó este año de libros de no ficción que describían a los bandos enfrentados en las elecciones legislativas de ese país. Hasta se ha escrito sobre las pasiones de Cristina Fernández (Los amores de Cristina, Franco Lindner). Los vientos electorales en Lima también se acercan. Parece la hora de desempolvar viejos proyectos de no ficción.

[Publicado en la revista Carta Abierta N°1]

Sobre El Autor

Emilio Camacho

Periodista del suplemento Domingo del diario La República.

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