En el año 2012, en Perú solo existía un concurso bianual de dramaturgia. Dos años después, son tres las convocatorias que ofrecen la oportunidad de presentar un libreto original para que sea publicado o puesto en escena. Esta confluencia de iniciativas constituye un momento ideal para el surgimiento de nuevas voces en el teatro nacional.

Por Rodolfo Pesantes Rivero

Hacer teatro en Perú es una labor complicada, hace falta esfuerzo, perseverancia y suerte. Sin embargo, siempre ha existido la voluntad para escribir obras teatrales, historias que luego serán el testimonio de lo que una generación quiso expresar, de manera consciente o inconsciente. Este reflejo de la realidad en un escenario respalda la importancia de construir caminos que inviten a crear nueva dramaturgia. Porque para conocer y comprender un país hay que mirar el arte que se produce en él, los colores de su pintura, el ritmo de su música, y las historias que su literatura, su cine y su teatro tienen para contar.

En los años noventa hubo un resurgimiento de la dramaturgia nacional luego de dos décadas en las que la figura del dramaturgo, como creador individual de historias y lenguaje escrito, se vio opacada por la creación colectiva y el desarrollo del lenguaje corporal. Autores como Alfredo Bushby y Roberto Ángeles han asociado este fenómeno con los cambios políticos y sociales de aquellos años.

Durante el cambio de siglo, la aparición de una gran cantidad de autores que escribían y estrenaban sus obras en Perú reafirmó la reaparición del dramaturgo en la escena cultural peruana. Pero durante esos años, salvo limitados esfuerzos, como las antologías del Ministerio de Cultura, las de Roberto Ángeles o las ediciones de la revista Muestra, de Sara Joffré, no existían muchos espacios para la búsqueda y publicación de dramaturgia peruana. Para comprender la relevancia de este momento es necesario conocer cómo fueron apareciendo los tres concursos vigentes: ‘Ponemos tu obra en escena’, ‘Sala de parto’ y ‘Nueva dramaturgia peruana’.

 

El teatro se escribe para ponerse en escena

En el 2006, la Asociación Cultural Peruano Británica lanzó su primer concurso de dramaturgia peruana bajo el nombre ‘Ponemos tu obra en escena’. A diferencia de otras convocatorias, que requerían presentar presupuestos, planes de producción, propuestas de actores u otros detalles técnicos, esta convocatoria solo pedía un texto teatral.

La gran acogida que tuvo el concurso llevó a que el jurado pida que se otorguen tres premios y no solo dos, como estaba estipulado originalmente. En esa primera edición sorprendió la corta edad de los ganadores, que oscilaban entre los 27 y 33 años.

Aquella vez las obras ganadoras fueron Los números seis (primer lugar), de Gino Luque; El arca de Noé (segundo lugar), de Lucero Medina; y Efímero (tercer lugar), de Mariana De Althaus. En 2011, De Althaus ganó el primer premio con la obra Entonces Alicia cayó, y este año es parte del jurado calificador junto a Fernando Casaretto y Alberto Ísola.

En ‘Ponemos tu obra en escena’ las tres obras ganadoras de cada año son publicadas en un libro editado por el Centro Cultural Británico y, a cambio, los autores reciben premios económicos. Adicionalmente, el autor que ocupa el primer lugar cede los derechos de su obra por un año para que sea producida profesionalmente al año siguiente por el Centro Cultural y se presente en el Teatro Británico durante una temporada.

Para poder participar solo hace falta tener más de dieciocho años y ser peruano. Esto permite que el concurso convoque a voces de distintas generaciones. En el 2008 el ganador del primer lugar fue Eduardo Adrianzén, un autor consagrado, con su obra Respira. Mientras que en el 2012 el primer lugar se lo llevo Daniel Amaru Silva, autor de veinticinco años que concursaba por primera vez, con la obra ¿Eres tú, pequeño?

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“Hay razón para escribir justamente porque hay concursos. Yo tengo suerte de haber nacido justo en esta ola pero si hubiese nacido cinco años antes seguiría escribiendo por gusto”, señala Daniel Amaru Silva. Foto: Diana Silva Delgado

 

El nacimiento de más teatro peruano

A inicios de 2013, tras diez años de intensa actividad teatral y más de sesenta montajes producidos, el teatro La Plaza se propuso impulsar la aparición de nueva dramaturgia nacional y creó ‘Sala de parto’, un festival de dramaturgia que realiza una convocatoria anual para seleccionar diez obras y publicarlas bajo su sello editorial. Previamente, las obras elegidas pasan por una clínica de libreto a cargo de César de María. Además, cinco de ellas son elegidas para realizar lecturas dramatizadas con actores profesionales.

“Hicimos lecturas dramatizadas y no sabíamos cómo iba a reaccionar la gente. Felizmente, se dieron cuenta de que lo importante era el texto. En ‘Sala de parto’, el dramaturgo es el centro de todo”, afirma Alejandro Clavier, director del festival. Para Daniel Amaru Silva, uno de los diez ganadores del 2013, la oportunidad de ser asesorado por De María y conocer a otros nueve autores es lo mejor que tiene el concurso.

“Nosotros queremos que los textos ganadores se representen y por eso estamos coproduciendo la mayoría de obras de ‘Sala de parto’ 2013. Queremos acompañar la carrera de los nuevos dramaturgos y que encuentren en La Plaza un lugar de apoyo”, dice Clavier, mostrando que el compromiso del Teatro va más allá de la publicación y proyecta impulsar la carrera teatral de los ganadores.

‘Sala de parto’ tiene dos categorías, una de autores nuevos y otra de autores en carrera. Para algunos, como Silva, la existencia de estas categorías, podría resultar una subestimación a las capacidades de los jóvenes escritores. Para otros, como Mariana de Althaus, se trata de una diferenciación que, además de dar oportunidad a nuevas voces, establece distintos parámetros de evaluación para el jurado, “hay cosas que no le puedes perdonar a un autor con una carrera a cuestas”, afirma De Althaus.

Adicionalmente, el año pasado La Plaza organizó talleres gratuitos de dramaturgia en Comas y Villa el Salvador. Los textos escritos fueron leídos en el marco del festival. Para la edición de este año, La Plaza ha organizado un nuevo taller de dramaturgia dirigido a residentes del distrito de La Victoria. “Este taller nos da la oportunidad de acercarnos a otras voces que, por lo general, no son tan familiares a los talleres de dramaturgia que se dictan en Lima”, reflexiona De Althaus, quien, junto a Gonzalo Rodríguez Risco y Claudia Sacha, se encargará de dictar el taller.

 

El retorno del apoyo estatal

El 19 de junio del año pasado, por Resolución Ministerial N° 175-2013-MC, se institucionalizó el concurso nacional ‘Nueva dramaturgia peruana’. Esta iniciativa del Ministerio de Cultura, que cuenta con el apoyo económico del Banco de la Nación, reasume el papel que el Estado alguna vez tuvo en el impulso de la escritura teatral cuando, a fines del siglo pasado, de la mano de Ruth Escudero, directora del Teatro Nacional, se encargó de los desaparecidos concursos ‘Proyectos de dramaturgia para provincias’ (que estrenó los proyectos ganadores en sus ciudades de origen), ‘Hacia una dramaturgia joven’ (enfocado en el surgimiento de nuevos autores de todas las edades) y ‘Solari Swayne’ (ideado para afirmar a dramaturgos reconocidos).

El concurso, lanzado oficialmente el 25 de febrero de este año, elegirá a cinco obras para publicarlas, además de producir y poner en escena a la que ocupe el primer lugar. La inclusión de la palabra “nacional” junto al nombre del concurso despierta el interés por conocer qué teatro se está escribiendo fuera de Lima. Gustavo López Infantas, director teatral y consultor especialista en artes escénicas del Ministerio de Cultura, hace énfasis en que los otros concursos no excluyen la participación de obras de provincia pero que ‘Nueva dramaturgia peruana’, al ser una iniciativa estatal, contempla su descentralización a través de un plan de difusión para el interior del país.

Algunos autores han criticado lo restrictivo de la edad permitida para poder participar (entre 18 y 35 años). Sobre ese punto, López Infantas sostiene que “el concurso debe recibirse como el primer paso de una iniciativa meritoria. Las bases ya están estipuladas y, eventualmente, en el futuro se pueden ir mejorando”.

Según las bases de ‘Nueva dramaturgia peruana’, se contempla realizar una convocatoria anual, de manera que se podrían realizar mejoras e innovaciones que amplíen las posibilidades para poder participar. “A mí me gustaría ver una nueva obra de César de María o de Eduardo Adrianzén y, si ellos merecen ganar un concurso, no veo por qué no podrían participar”, sostiene De Althaus. Quizás en el futuro el concurso pueda retomar la dinámica complementaria de los desaparecidos ‘Solari Swayne’, ‘Hacia una nueva dramaturgia peruana’ y ‘Proyectos de dramaturgia para provincias’.

 

¿Demasiados concursos?

Esta diversidad de concursos requiere que su demanda de textos sea satisfecha, tanto en cantidad como en calidad. Varios dramaturgos se han pronunciado a través de las redes sociales para mostrar su entusiasmo ante este panorama esperanzador y, de paso, dar aliento y consejo a aquellos que sientan interés por escribir una obra de teatro. El problema más grave que podrían afrontar los concursos sería no lograr reunir una cantidad considerable de obras y que, en consecuencia, dilapiden sus pretensiones de crecimiento y desaparezcan en los próximos años.

Los concursos deben aprender a convivir, pulirse en futuras ediciones, saber dar espacio a nuevas convocatorias y, principalmente, servir como motivación para que aparezca nueva dramaturgia nacional. Del lado de los concursantes, lo único que se necesita es que tengan la convicción de crear una buena obra de teatro y empiecen a escribir. Como dice César de María, “es mejor una obra mal escrita que ninguna obra escrita”.

[Publicado en la revista Carta Abierta N°2]

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