Más que una crónica sobre la ansiedad, este es el testimonio de un periodista que la padece. Para paliarla da 20 pasos, intentándolo con la medicina alternativa,  la terapia psicológica y las pastillas.  ¿Es posible liberarse de la ansiedad sin sentirse más ansioso en el proceso?

Por Oscar García Meza

Ilustraciones: Pedro Caparachin

1Sales de tu casa. Cierras la puerta. La abres. La vuelves a cerrar unas tres veces. El número tres te inspira confianza. No es que tu puerta esté malograda, es solo cuestión de cábala. Desde que el TOC entró por tu puerta, la tranquilidad salió por la ventana. Últimamente coleccionas piedras ordinarias porque crees que así evitas que suceda algo malo. En estos tiempos competitivos cualquier ayuda es bienvenida. Con tus manos rojizas –por habértelas lavado innecesariamente tantas veces- intentas ordenar tu desaliñado cabello. Caminas hacia la izquierda… no, no, mejor para la derecha. Cambias de parecer unas tres veces. Mientras cruzas la vereda evitas pisar las líneas.

Quizás no hablas mucho, incluso crees que no tienes nada bueno que decir, pero sí piensas demasiado. Revisas que todo esté en orden. Se te viene la idea de volver a casa. Tienes un mal presentimiento. Abres el cierre de tu mochila cuatro veces, tratando de conjurar los pájaros de mal agüero que vuelan por allí. Sabes que no puedes evitar que te ronden, pero sí que se posen en ti. Y también sabes que contar tres veces, no pisar las líneas o coleccionar piedras, es absurdo. Pero no puedes evitar hacerlo. Sí, en esta época hay mucha competencia, demasiada presión por ser mejor, más guapo, más listo. Tienes que tragarte el mundo. Pero qué pasa cuando el rival está en uno mismo. Cuando está adherido en ti, como una canción detestablemente pegajosa que no puedes sacarte de la cabeza.

2Según un estudio de la Universidad de Cambridge, Inglaterra, hay aproximadamente 300 millones de personas en el mundo que tienen ansiedad. En una cantidad razonable es buena, porque la ansiedad nos ayuda a anticiparnos a los peligros de la vida diaria. El problema es cuando se padece en exceso.

La ansiedad se manifiesta de diversas maneras, desde físicas –cansancio, mareos, vómitos, etc.- hasta psicológicas (pensamientos, temores). Cuando no nos deja tener control de nuestra vida se denomina trastornos de ansiedad. Entre estos tenemos la fobia social, el estrés postraumático, el ataque de pánico, el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), etc. Afortunadamente hay diversas formas de paliarla, desde los sofisticados ansiolíticos hasta los milenarios métodos de relajación. Sí, solo paliarla. Decir que uno puede curarse del todo sería irreal.

3Hace un par de años conocí la felicidad. No estaba en el amor ni en la amistad. Habitaba en una pastilla llamada clonazepam. Un neurólogo me recetó un comprimido de 0,5 mg de este ansiolítico. Era tan pequeña que pensé que no me haría ningún efecto. Con poca convicción la ingerí. Al poco tiempo me irradió una placentera calma. Durante los diez siguientes días que me la recetaron sentí un efecto similar, aunque el primer día era digno de enmarcar.

Tiempo después, cuando la tomé por prescripción de un psiquiatra, el efecto fue menor. Mientras que las primeras veces me provocaba una sonrisa radiante, en las siguientes ocasiones solo llegaba a una mueca disforzada. Y con el paso del tiempo, la plácida sonrisa mostró que también tenía colmillos. Al despertar, después de una noche de sueño inducido por este ansiolítico, me dolía el estómago y sentía una inmensa culpa. Además, yo siempre he sido una persona que se preocupa demasiado. Y cada vez que ingería el comprimido de 0,5 mg pensaba que me iba a producir tolerancia. Decidí dejarlo porque sentía que ya no me hacía bien. Sé que mucha gente lo toma por períodos prolongados y les va de lo mejor. Me gustaría pertenecer a este club.

4Había leído sobre las flores de Bach en diversos medios. Sabía que la OMS la reconoce como terapia alternativa y que en ESSALUD también echan mano de ella. En una ocasión que sentí el insomnio asomándose, decidí comprarme un pomo de estas flores. El frasco morado con un sticker que decía «terapia del sueño» se tomaba con un gotero, exactamente cuatro gotas en cada dosis. Lo ingerí con optimismo, el cual fue desvaneciendo a medida que se acababa el frasco y yo solo sentía un agradable sabor a licor, pero ningún efecto relajante.

5En varios momentos nos sentimos cohibidos. Al hablar en público nos sonrojamos, cuando queremos impresionar a alguien las palabras no llegan a tiempo y nos tiemblan al piernas al sustentar una tesis. Todo eso es NORMAL. El problema es cuando evitamos pasar por esas circunstancias a toda costa. Lo patológico es pensar que eres tan poco interesante que es mejor quedarse callado, sin ni siquiera intentarlo. Eso ya no es NORMAL.

Pero, ¿cómo distinguir lo sano de lo anormal? ¿En qué momento pasas de ser un simpático tímido a ser un enfermo que padece fobia social?

6Voy al servicio de psicología de la universidad donde estudio a concertar una entrevista con alguna profesional que me dé luces sobre la sombría ansiedad. Me recibe Flor de María Nicasio, psicóloga que hace quince años atiende a jóvenes angustiados.

El plan inicial era hacerle preguntas periodísticas, pero de pronto me doy cuenta que nunca había acudido a una psicóloga, así que aprovecho el momento. Desahogo mis insomnios, alguna obsesión latente y cierta timidez adherida. Me dice que es normal, que todos tenemos algún lastre emocional y que la patología empieza cuando ese problema te impide llevar con normalidad tu vida cotidiana.

7Odette Vélez es psicóloga y dirige el proyecto Mandala, con el cual organiza talleres y cursos para «fortalecer la salud y espiritualidad». Es consultora profesional de Flores de Bach y, precisamente, me contará sobre esa medicina complementaria. Estamos en su casa, donde proliferan pufs, de diversos tamaños y colores, que deben ser tan cómodos como parecen. El olor a incienso y los instrumentos musicales que tiene en la sala le dan al ambiente un aire distendido, de placidez atemporal que también se percibe en Odette. La tranquilidad está con ella.

8Confío en el yoga. Por eso me inscribí en un taller de relajación, donde espero se hagan ejercicios extraídos de esta milenaria disciplina. De la primera vez que lo practiqué recuerdo dos cosas: que luego de la clase me sentía lleno de endorfinas y que durante ella me sentía bastante avergonzado. Yo era el típico alumno al cual los ejercicios no le salían muy bien. Digamos que no hacía gala de una gran flexibilidad.

A pesar de mi ineptitud, el yoga me prodigaba un inusual estado de bienestar. Incluso ahora, en solitario, hago chapuceros intentos por lograr que las posiciones más difíciles –que, como todo lo que entraña una dificultad, es de las más efectivas- me salgan decentemente.

9Quizás no sepan que es el TOC, pero en mayor o medida pueden pertenecer a los 7 millones que según la Fundación Internacional OCD lo padecen. Se trata de un trastorno de ansiedad que tiene dos partes. La primera es la obsesión, consistente en pensamientos invasivos que uno tiene sin querer. Su principal característica es su carácter repugnante, sin coincidencia con la forma de pensar y actuar de la persona. Uno puede pensar que quiere matarse sí mismo a sabiendas que jamás haría eso.

Debido a esto surgen las compulsiones, las cuales son acciones o pensamientos que «sirven» para detener esa idea horrible o que no suceda ese acontecimiento desagradable. El obsesivo compulsivo sabe que lo que piensa no sucederá y que la compulsión no le ayudará a evitar algo –que no ocurrirá- pero igual realiza ese ritual para paliar la ansiedad que genera la obsesión.

El ejemplo más común es aquel que teme a los gérmenes. Este piensa que todo está contaminado (esa es la obsesión) y lo combate lavándose las manos repetidas veces (compulsión). Otro es el que vive inmerso en los números o el que acumula cachivaches, siéndole imposible desprenderse de ellos. Pero uno de los más complicados es el que sumerge en pensamientos contrarios a sus creencias, combatiéndolo con otros pensamientos, siendo víctima de un círculo vicioso interminable.

10«Las 38 flores de Bach obedecen al estudio de caracteres que observó en sus pacientes el doctor inglés Edward Bach. Las flores ayudan a equilibrar emociones, no para aliviar síntomas físicos. Es una terapia natural, sutil, que no reemplaza a otras, sino las complementa», me cuenta Odette.

Bach era un médico ortodoxo que en la práctica descubrió que muchos de sus pacientes tenían el mismo padecimiento, pero mostraban diferentes estados emocionales. Para entender por qué dejó de enfocarse solo en lo físico y adoptó una visión holística. Es decir, viendo al ser humano no solo como materia, sino también en una dimensión espiritual. Renunció a la medicina tradicional y se dedicó a buscar en el campo flores para curar de forma natural.

Odette Vélez confiesa que lo más cercano a una explicación científica sobre las flores de Bach sería esta: «Somos 80% de agua, la cual nos difunde energía. Cuando nos desequilibramos emocionalmente, nuestra agua interna también lo hace. El agua de las flores siempre está equilibrada, así que arregla el desequilibrio que tenemos. Es pura energía vibracional».

11Recuerdo que cuando era niño realizaba una acción varias veces sin motivo, solo porque pensaba que así estaría todo bien. Por ejemplo, abría y cerraba el cierre de la mochila 3 o 4 veces porque pensaba que si no lo hacía así algo malo me ocurriría. ¿Qué cosa específicamente? Nunca lo supe.

Durante la adolescencia me dio por darle significado a los números. Digamos que veía un letrero: inmediatamente contaba las letras, dándole a los números valores absurdos: el 7 es de suerte, el 11 también, etc. Recuerdo que una vez no quise hacerlo, pero no pude evitarlo. Sentí que si no lo hacía sucedería algo funesto. Obviamente sabía que no pasaría nada. Pero por si acaso…

12«El TOC es un trastorno que requiere tratamiento psiquiátrico. Puede haber personas con ciertos rasgos obsesivos como características de personalidad o tener algunos pensamientos a los que le dan vueltas y vueltas. En este caso no es TOC. El contenido de los pensamientos en el TOC es más extraño y complejo, haciendo que la persona no tenga prácticamente ningún descanso mental», me aclara la psicóloga Flor Nicasio.

13«El que padece de fobia social no sale de su casa. En las interacciones sociales siente que le falta aire, se pone rojo e incluso llega a las náuseas y palpitaciones. Esto es lo que la diferencia de la timidez», comenta la psicóloga Flor Nicasio. A su consulta vienen jóvenes que se autodenominan fóbicos sociales, pero el hecho de que acudan demuestra lo contrario.

Para paliar este trastorno de ansiedad, Nicasio da técnicas para cambiar el estilo de vida, enseña habilidades sociales y sobre todo, busca que el paciente reestructure los pensamientos de rechazo y esquemas mentales que lo torturan.

14, 15, 16Uno de los métodos más completos para aplacar la ansiedad es el método Silva. Digo completos porque es toda una filosofía de vida. Uno de sus principios es contar en forma regresiva, bajo el presupuesto que los números vistos de esta manera no están cargados de significados.

Lo he probado: he intentado contar de 100 al 0, pero no terminé de hacerlo: me quedé profundamente dormido en mitad del camino, más o menos por el número 70. A medida que vas descendiendo, sientes una relajación impresionante.

17El mayor interés de Odette y su proyecto Mandala es sensibilizar a los demás respecto a una curación verdadera. «La medicina tradicional solo busca borrar el síntoma. Puede ser eficiente, pero al tener una visión aislada no va hasta el fondo. El resultado es que la molestia vuelve a aparecer al poco tiempo».

Para ella, lo mejor es tener una visión holística. La medicina complementaria que difunde trata sobre aquello que está asociado al síntoma. De donde viene el padecimiento y por qué se produce. «El ser humano no es solo materia. También es emociones, mente y espíritu. Y esto no se puede medir con la ciencia», comenta.

18El ejercicio más simple del taller de relajación era también el más efectivo. Consistía en respirar bien, algo que olvidamos con inusitada facilidad, por el diafragma y expulsándolo por la boca. Otro interesante ejercicio trataba de poner tenso una parte del cuerpo –mientras inhalamos-y luego soltarlo lo más posible, a la par que exhalamos. Tanta relajación motivó a que me sucediera algo inédito, que ni siquiera me había sucedido en alguna clase de matemáticas: quedarme profundamente dormido.

19Dentro de la terapia cognitivo-conductual hay una técnica llamada inundación. Consiste en afrontar los pensamientos invasivos (las obsesiones) sin realizar el ritual que lo «calma» (las compulsiones). Como un duelo sacado de un western, ves cara a cara al miedo y esperas el primer disparo. No debes esquivar las balas, sino afrontarlas a quemarropa hasta que, poco a poco, te des cuenta que son solo balas de salva, que su pistola es de juguete, que el miedo es irracional y va desaparecer.

La preparación es ardua y larga, pero sin duda vale la pena. Digamos que tu temor a la suciedad motiva a que te laves las manos cada cinco minutos. La técnica de inundación indica que a propósito te embarres, pero evites usar jabón y agua. La ansiedad que sientes será fuerte, pero luego empezarás a darte cuenta que el miedo que tienes no tiene sentido.

20Después de entender de qué se trata, le doy otra oportunidad a las flores de Bach. Esta vez lo hago bien y escojo los tipos de flores que quiero en mi preparado.

Cherry plum, para el temor a la pérdida de control.

White chesnut para los pensamientos invasivos y la obsesión.

Mimulus: para los nervios y timidez.

Tomo la primera ingesta y siento cierto efecto de relajación. ¿Será porque elegí los tipos de flores adecuados? ¿O será sugestión? A la par recordé el taller de relajación, en donde enseñaban a detectar nuestras zonas tensas. Quizás paliar la ansiedad no es una tarea de un día, ni habite en un frasco, en pastillas o en ejercicios. Más bien se debe admitirla. Afrontarla. Soltarla. Y nuevamente admitirla.

 

[Publicado en la revista Carta Abierta N°12]