Siempre me ha parecido un signo de prepotente impericia y hasta de indolencia tildar a una prosa de barroca y recargada por el solo hecho de identificar un estilo que visibilice un lenguaje distinto al del simplismo de la mediocridad estandarizada. Es necesario penetrar en la vida íntima de las palabras para paladear con espíritu sincero la fuerza mágica de un fragmento luminoso, prístino, semejante a la verdad. ¿Nos hemos acostumbrado a prosas sencillas y directas? ¿Nuestra mirada lectora rechaza los adjetivos y el fraseo largo y complejo? ¿Encendemos las alarmas internas ante cualquier indicio de ornamento verbal? ¿Hemos terminado por pensar que la fluidez y claridad en la lectura es, por sí sola, una garantía de calidad?

La existencia de un novelista como el irlandés John Banville me permite percibir ese nuevo paradigma de lectura que ha instaurado a la economía de lenguaje como el estilo más aceptado. Utilizaré un ejemplo para matizar mi opinión. Hace unos meses, en mi muro de Facebook, coloqué lo siguiente: “En La guitarra azul, el irlandés John Banville recoge escenas cotidianas para construir una maravilla verbal que me animo a llamar ‘la épica del pensamiento’, pues de situaciones en apariencia ordinarias brotan reflexiones y ópticas sobre la vida que me impresionan por su lucidez y sensibilidad. Esto piensa el personaje Oliver Orme al oír el canto de un pájaro: ‘¿Aún cantan pájaros en esta época tardía del año? Tal vez en su especie haya bardos, rapsodas, poetas solitarios de la desolación y el lamento, indiferentes a las estaciones’”.

Uno de los comentarios a este post mencionaba que la novela “me aburrió de una manera brutal y tuve que dejar el libro a la mitad”. No conozco a esta persona, pero, por lo que postea en Facebook, es evidente que se trata de un lector constante con un conocimiento suficiente para emitir opiniones literarias. Entonces, se impone esta pregunta: ¿por qué un lector entrenado se aburre con la obra de un autor que yo admiro tanto? ¿Por qué las reacciones ante una misma obra son opuestas?

Antes de ensayar una respuesta, debo hablar sobre John Banville. Este escritor (Wexford, Irlanda, 1945) ha publicado decenas de novelas que destacan por un sofisticado uso del lenguaje, lleno de lirismo y descripciones minuciosas. Este rasgo es el que más destaca, pero a ello se le suman sus temáticas variadas. Posee obras acerca de científicos (Copérnico, Newton, Kepler), espías internacionales (El intocable), dioses (Los infinitos) y personajes ligados al arte (El mar, Eclipse, Imposturas, Antigua luz). Lo que unifica esta heterogeneidad de tópicos es la potente carga subjetiva de sus historias, rasgo enfatizado por el uso de la primera persona en sus voces narradoras. En concreto, es en la intimidad de los protagonistas donde anida el exquisito lirismo que le ha dado tanto prestigio a Banville dentro del circuito de escritores.

No es difícil intuir que la cantidad de lectores de este novelista irlandés es menor que la de otros autores vivos como J. M. Coetzee, Philip Roth, Orhan Pamuk o Paul Auster. Soy admirador de todos estos artistas de la palabra y tengo muchas razones para admirar a cada uno de ellos. Sin embargo, cuando quiero buscar ejemplos, entre los escritores vivos, de una prosa creativa y hermosa, recurro a Banville. Cuando uno se enfrenta a su lenguaje, puede encontrar similitudes con Vladimir Nabokov. Son similares entre ellos, por ejemplo, el detallismo para el aspecto cromático y la cantidad de recursos de lenguaje utilizados. Sinestesias, personificaciones y oxímoros. Repetición de palabras y reiteradas estructuras de frases, uso especial de las mayúsculas, símiles y metáforas. Estas semejanzas entre Nabokov y Banville no son coincidencia. Banville es un nabokoviano. Él mismo lo reconoce.

Ahora intentaré resolver la incógnita. ¿Por qué John Banville es menos leído que otros autores actuales? ¿Por qué, incluso, los lectores constantes no se enganchan con las obras del irlandés? Conozco solo a tres personas que son seguidoras de John Banville. Uno es un escritor limeño, reconocido en el circuito local como uno de los mejores prosistas. Otro es un doctor en literatura que escribe novelas que aún no publica. La tercera es una traductora que acaba de publicar un libro de cuentos. Aquí ensayo una respuesta: se vuelven seguidores de John Banville quienes están muy interesados por el uso de la palabra con un fin artístico.

Estas tres personas escriben y leen con seriedad y constancia. Escritores cuajados y en ciernes hay muchos, pero no todos ellos están interesados en perfeccionar y enriquecer su prosa. Si un escritor tiende a escribir oraciones cortas y despojadas de ornamentos, no se interesará en la obra de John Banville y hasta lo podría considerar aburrido, pretencioso, recargado. No todos los grandes narradores son grandes prosistas. Dostovievski es la prueba más clara de ello. Y si lo vemos a la inversa, poseer una prosa sofisticada es insuficiente para ser considerado un gran escritor, pues la fabulación, el nervio, la arquitectura y la oralidad son elementos vitales para la construcción de un artefacto narrativo.

¿Es John Banville un escritor para escritores? Quizás sí. Me queda claro que se trata de un autor inmejorable para todo el que sepa apreciar una prosa lírica, abundante en matices y recursos. Solo si uno es capaz de ello, podrá acceder al viaje interior de cada uno de sus personaje y entender la función de ese lenguaje inusual que destila sensibilidad, ironía y dolor. “He dedicado mi vida a batallar con las frases. No puedo imaginar una existencia más privilegiada”, dijo Banville cuando recibió el Premio Príncipe de Asturias hace dos años. Desde este rincón de palabras y sin que usted lo sepa, valoramos y amamos su trabajo, maestro. Que esa lucha no se detenga.

[Publicado en la Revista Carta Abierta N°11]

Sobre El Autor

Giovanni Anticona

Egresado de la facultad de Letras y Ciencias Humanas de PUCP. Literato.

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