El actor de 89 años que interpreta a Ricardo Villarán en la película Viejos amigos ha dedicado su vida a luchar por los derechos laborales de los artistas en el Perú. Este año fue parte del grupo de trabajo que presentó el proyecto de modificación de la Ley del Artista. Enrique sigue luchando y actuando, lo que para él son dos caras de la misma moneda.

Tumbes, inicios de los años ochenta. Un bus interprovincial parte con destino a Piura. Cuando los pasajeros se han acomodado en sus asientos y la carretera se introduce en el desierto, un señor que bordea los sesenta años se pone de pie. Lleva puesto un smoking, luce la cara pintada de blanco y tiene una bolsa llena de caramelos que ha comprado en la frontera con Ecuador. Antes de interrumpir el descanso de los pasajeros, pide permiso para declamar unos versos. Los viajantes asienten y él empieza con poesía española, luego peruana y finalmente argentina. Algunos lo reconocen, ha aparecido en muchas telenovelas peruanas. Se llama Enrique Victoria.

Salió de Lima hacia Tumbes con el objetivo de llegar a Ecuador y buscar trabajo como actor, pero al ver en un bus a un niño vestido de payaso que vendía caramelos, decidió que ese sería su nuevo empleo y regresó a Lima parando en cada ciudad para proveerse de la mercadería que vendería en la carretera. De la capital siguió hasta Tacna, volvió al norte, luego a la sierra, y cuando regresó a casa ya había transcurrido un año y diez meses.

¿Por qué decidió hacer eso si era un actor famoso? Los broadcasters nacionales se negaban a contratarlo y no podía encontrar empleo. “Me vetaron por defender mis derechos cuando estaba en canal 5. Incluso llegaron a mandarle cartas a las agencias de publicidad para advertirles que cualquier comercial que yo interpretara no iba a ser aceptado en radio ni en televisión. También le escribieron a Oswaldo Cattone para anunciarle que si en la próxima obra que él montara estaba yo en el elenco, no le harían publicidad”, asegura Enrique. Aquella vez había protestado porque los actores no tenían un refrigerio y los hacían grabar ocho horas al día sin alimentarse.

Un día su médico le detectó una úlcera y le ordenó que tomara un vaso de leche cada hora. Por aquél entonces, Enrique interpretaba a un mafioso en una telenovela de Panamericana Televisión y en el cajón del escritorio de su personaje guardaba una botella de leche. En una escena sacó la botella y tomó algunos sorbos. El director exclamó: “corten, carajo” y empezó a gritarle. “Oye, a mí no me dices carajo porque te vas a la mierda”, respondió el actor. “El director bajó al set y volvió a gritarme, pretendió pegarme y yo lo soné. Me botaron”, recuerda Enrique.

“Tenemos derecho a un refrigerio, mira la hora que es y no hemos comido nada. Yo estoy enfermo. Dame una razón artística que diga que lo que hice malogra al personaje. ¿Por ser mafioso está prohibido de tomar leche?”, reclamó Enrique. Días después, estaba en Tumbes comprando caramelos para vender en el bus.

Esta es solo una anécdota entre muchas. El actor ha pasado sus 89 años de vida luchando. Siente que incluso luchó para nacer, en medio de una balacera en Managua. Luchó para ser actor. Luchó también cuando perdió a sus padres durante su infancia y continúa luchando para defender los derechos sociales y laborales de los artistas del Perú.

Hasta hace unas semanas estuvo visitando el Congreso para participar en el grupo de trabajo que presentó los proyectos de modificatoria de la ley 28131 titulada “Ley del artista intérprete y ejecutante” y del Decreto Legislativo 822, sobre derechos de autor. Enrique asistió como representante de la sociedad de gestión colectiva de los derechos de propiedad intelectual de los artistas e intérpretes de la industria de la comunicación audiovisual, llamada Inter Artis. Junto a él participaron representantes de otras sociedades de gestión de artistas y de sindicatos, entre estos, el Sindicato de Artistas Intérpretes del Perú (SAIP), del que Enrique es fundador y miembro activo.

Enrique Victoria

Enrique tuvo que cambiarse el nombre para poder actuar sin que su padre adoptivo lo descubriera. Foto: Victoria Meneses.

 

En los años ochenta, algunos meses después de haber viajado por el Perú vendiendo
caramelos y mientras militaba en Izquierda Unida, Enrique Victoria, según declara, fue el asistente del fallecido actor César Urueta, quien buscaba implementar la Ley del Artista. Ellos, junto a otros colegas comprometidos con los derechos gremiales, buscaron abogados, tuvieron reuniones periódicas de trabajo y redactaron el primer proyecto de la ley. Hasta ese momento a los actores solo los tutelaban las leyes laborales generales y un régimen laboral especial para artistas.

El proyecto original de la ley presentada por el sindicato fue aprobado por la Cámara de Diputados; sin embargo, la condición de bicameralidad del Poder Legislativo de entonces hacía que fuera necesario enviar el proyecto al Senado. Enrique cuenta que el folio nunca llegó, se perdió en algún lugar del pasadizo que separaba a ambas cámaras.

Así pasaron algunos años, mientras el gremio esperaba que algún empleado del Congreso encontrara aquellas hojas, y ellos trataban de recuperar la versión original en sus archivos personales. Según Enrique, el 2 de julio de 1990 reapareció el proyecto de ley y se lo pasaron al presidente Alan García, quien llamó a Elvira de la Puente Haya, aprista y actriz, para que lo revise. Pero no era la versió original. De la Puente se dio cuenta, se lo dijo a García y el presidente decidió no presentarlo. La actriz no respondió a las llamadas realizadas para confirmar esta versión.

Ese mismo mes, dos días antes de que el APRA dejara el gobierno, reapareció la verdadera ley, la que habían hecho Urueta, Victoria y todo el gremio de artistas. García prefirió no firmarla pero dejó una recomendación para que sea promulgada por Fujimori, pero Fujimori no solo no la firmó, sino que desactivó el régimen laboral especial para artistas, según recuerda Enrique con molestia.

Cuando Fujimori cayó, el sindicato retomó la lucha. Elvira de la Puente fue electa como congresista en 2001 y, dos años después, se promulgó la esperada ley. Desde ese momento los artistas tienen beneficios laborales especiales que consideran las condiciones particulares de su trabajo. Tienen derecho, por ejemplo, a que se les pague un seguro médico, gratificación, vacaciones y otros aportes, lo que les permite una estabilidad que antes les era esquiva.

Pero Enrique, el sindicalista luchador, no estaba satisfecho y sabía que el gremio debía ir por más. El proyecto fue presentado en la Comisión de Cultura y antes de aprobarse pasó por la Comisión de Trabajo, en donde sufrió amputaciones, entre ellas, el capítulo de sanciones algunas exigencias para los empleadores

Ocho años después, Susana Baca fue nombrada ministra de Cultura y convocó a un grupo de trabajo para que elabore una propuesta de modificación de la ley. Llamó a Elvira de la Puente, al compositor Daniel ‘Kiri’ Escobar y a Enrique Victoria. Juntos pasaron alrededor de once meses redactando la modificatoria de la ley y resistieron a un cambio de ministro.

Cuando Luis Peirano asumió el cargo, el grupo continuó. Los problemas volvieron cuando Peirano fue reemplazado por Diana Álvarez Calderón “La ministra no nos quiso atende y nos derivó con el viceministro de Industrias Culturales, que tenía el antecedente de no haber apoyado la nueva ley de cine con el argumento de que es muy proteccionista. Pero nosotros no hemos guardado la ley, hemos peleado y conseguido que el congresista Johnny Cárdenas la tomara como tarea suya”, afirma Enrique.

Cárdenas, el congresista oficialista que en agosto se disfrazó de payaso en una ceremonia del Legislativo, conformó en enero último una mesa de trabajo con los representantes de las sociedades de gestión de los músicos, cantantes, actores, intérpretes, productores fonográficos, productores audiovisuales y artistas gráficos, y de los sindicatos de actores, artistas del folklore, músicos, artistas circenses y toreros.

El resultado de esas reuniones fue la presentación del proyecto de modificación de la ley 28131, que está en la Comisión de Cultura y Patrimonio Cultural con el número 3664, y la modificatoria del Decreto Legislativo 822. Las modificaciones incluyen mayores beneficios de salud, jubilación, jornada laboral, derechos de autor y todo lo que no se incluyó en la ley promulgada en 2003.

Pronto ambos proyectos deberán ser discutidos y votados para definir su aprobación.

 

Actores y directores consultados para este reportaje declararon que existe un rumor
en el mundo del teatro: es mejor no contratar a Enrique Victoria porque va a exigir muchos beneficios y puede crearle problemas a la producción. Las productoras de teatro pequeñas y nuevas sostienen que muchas veces no tienen la solidez económica para cumplir con todos los beneficios sociales y laborales que exige la ley, pero Enrique no está de acuerdo con ese argumento.

¿Existe un rumor que dice que mejor no lo contraten porque va a exigir muchos beneficios?

Somos un montón los que exigimos nuestros derechos, no soy yo solamente. Pero hay otros que desgraciadamente son pusilánimes y no lo hacen. Eso ocurre fundamentalmente con los artistas del folklore, que nunca reclaman sus derechos. Se mueren de miedo.

¿Crees que la ley es aplicable teniendo en cuenta la condición económica de la productoras?

Un aviso en Panamericana cuesta S/. 1 millón al mes.

¿Y en el caso de las productoras teatrales?

Los beneficios se pagan en la entrada. No lo va a pagar el empresario, lo va a pagar el espectador.

¿Alguna vez has estado del otro lado de la ley, has sido productor?

Siempre he dirigido o actuado. Nunca he querido ser productor porque estaría en contra de mis principios.

¿Has llevado algún caso al Ministerio de Trabajo? Con la productora Plan 9 tuviste un problema.

No los he llevado al Ministerio. Me quedé callado, no quise tener problemas y dejé de cobrar lo que tenían que pagarme. Tuve un accidente, me rompí la cabeza y no tenía seguro porque ellos no lo habían pagado.

Enrique exige que se cumpla la ley sobre todo con los empleadores que son productores de cine, publicidad y televisión, cuando siente que hay una intención de explotar comercialmente su trabajo. Por su actuación en Viejos amigos le han pagado todo lo que le correspondía y en la obra Karamazov, en la que participó durante el primer semestre del año, el Centro Cultural de la Universidad del Pacífico cumplió con pagarle todos sus derechos. Enrique cree que cada vez hay más productoras de teatro que están cumpliendo la ley.

La mayoría de actores sí acepta renunciar a sus derecho

Generalmente. No me gusta hablar mal de mis compañeros, pero son miedosos, son cobardes.

¿Qué le falta al gremio para tener pantalones y exigir que se cumpla la ley?

Subirse los pantalones, no bajárselos.

¿Por qué aceptan esas condiciones, falta trabajo?

Trabajo hay, es por cobardía. Dicen: “si reclamo, después no me llaman”.

¿Crees que ha pasado eso contigo, por defender tus derechos te han dejado de llamar?

Sí, pero al final me llamaron. El canal 5 hizo una telenovela y tuvieron que llamar a Enrique Victoria, que estaba vetado. Regresé y les dije “quiero ver el libreto y el personaje. La historia me parece una por quería, el personaje es una mierda”, y me fui. Pero como el canal 4 supo que el canal 5 me había llamado, fui a trabajar a canal 4. Si me necesitan, me van a llamar. Si no me necesitan, aunque lama el piso para que pase el broadcaster, no me van a llamar. Por qué no amarrarse los pantalones y decir: “¿me necesitan?, págame, cumple conmigo. Ah, ¿no cumples?, me voy”.

¿Es válido decir que has cavado tu propia tumba laboral?

En este momento tengo ofertas de cuatro películas. Acabo de hacer tres cortos y estoy ensayando una obra de teatro, ¿qué trabajo me falta? Estoy harto, cansado y feliz de haber terminado los trámites en el Congreso, porque quiero descansar un poco.

¿Te ha faltado trabajo en el circuito comercial de teatro, televisión y publicidad?

Yo no hago publicidad por $ 500 ni por $ 1, 000. ¿Quieren un aviso con Enrique Victoria? Cómo no, $ 2, 500 y por un año. Si renuevan me vuelven a pagar porque así lo manda la ley. Hay un comercial mío del Banco de Crédito que se viene repitiendo hace cinco años. Terminado el primer año lo repitieron y yo les dije que me pagaran, no me quisieron pagar, entonces fui al sindicato, que los llamó, les metió juicio y tuvieron que pagarme el segundo año, el tercero y el cuarto. Este año me llamaron de nuevo y, si va el próximo año, me pagarán otra vez.

En el circuito comercial de teatro y televisión no se te ve mucho.

No hago televisión porque no me gusta lo que se está haciendo. Me han llamado pero he dicho que quiero ver el libreto y si no me gusta, chau. Me llamaron para el programa Solamente milagros y me gustó. “¿Cuánto hay?”, pregunté. “Tanto”, me propusieron. “No, quiero tanto”, dije. “No”, respondieron. “Entonces no”. Después me llamaron para decirme: “se te va a pagar”. “Bueno, pero esto está dentro de la Ley del Artista, quiero vacaciones, compensación por tiempo de servicio, gratificación, seguro de salud, y me descuentan jubilación”. “No, eso no se te va a pagar”, me dijeron. “Entonces no cuenten conmigo”. Desgraciadamente la televisión actual está muy dedicada a figuritas. Por ejemplo, de los forzudos de Esto es guerra y Combate están sacando actores, entonces es muy malo el elenco de la televisión peruana actual y esos son los pusilánimes que no se atreven a defender sus derechos. Los
que están en el teatro son más comprometidos.

Ese discurso de defensa de la profesión le ha traído más de un problema, pero quizá el primero sucedió cuando cursaba la secundaria en el colegio limeño San Agustín. Cuenta Enrique que un cura dijo que todas las mujeres de teatro eran prostitutas y él le respondió: “usted cállese padre, mi madre es actriz y no es prostituta”. Le metió una paliza al cura, lo botaron del San Agustín y acabó la secundaria en un colegio técnico.

Con ese ímpetu, Enrique ha dedicado su vida a una lucha que ha regalado al Perú, el país que lo cautivó y que le dio la nacionalidad por casualidad. A pesar de que ha trabajado en otros lugares, incluyendo a países con mejores leyes laborales para los actores, siempre ha vuelto al Perú.

 

Enrique Victoria

Foto: Victoria Meneses.

Agosto de 1925, Managua, Nicaragua. Una pareja de actores que viaja por Centroamérica descansa en un hotel de la plaza principal de la ciudad, frente a la sede del gobierno. Él es español, llegó a Venezuela para interpretar a Bolívar y se enamoró de una chilena que ahora es su esposa. Ella está embarazada.

Mientras descansan, empieza una balacera, ha surgido una revolución campesina. Las balas entran al hotel y la pareja corre por los pasillos que comunican ese edificio con los contiguos. Cuando las autoridades reaccionan y cierran todas las puertas, el español y la chilena están en el consulado peruano. Enrique empieza a patear y adelanta el parto para nacer en territorio peruano.

En ese momento empezaron los viajes y la lucha. Cuando Enrique llegó con sus padres a Guayaquil, el abuelo le pidió a su padre que regrese a España para perdonarlo por haberse peleado con él por ser actor. La familia se embarcó con destino al sur y la madre, con sus dos hijos, se quedó en su ciudad natal, Antofagasta. Esa fue la última vez que Enrique vio a su padre biológico. En Chile conoció a la familia Gassols, que estaba de gira, y se unió a ellos. Viajaron juntos por Chile, Argentina, Bolivia y el Perú.

En Lima el jefe de tramoya del teatro donde ensayaban le dijo que había sido amigo de sus padres en Centroamérica. En esos días la madre, enferma de cáncer en Santiago, les escribió a su antiguo amigo y a su esposa pidiéndoles que se encarguen del pequeño actor y su hermana.

A pesar de que el padre adoptivo le impidió continuar con la actuación, un golpe de suerte en una radio en la que trabajaba como supervisor nocturno lo hizo volver a interpretar personajes y seguir luchando por su vocación. Un día un actor de una radionovela tuvo un accidente y el director le propuso a Enrique reemplazarlo. Luego lo contrataron y tuvo que empezar a utilizar su segundo nombre y su segundo apellido, Carlos Fernández, para que el padre no lo descubriera. Hasta que un fotógrafo de La Crónica lo captó saliendo de la radio y publicó su rostro en la portada del tabloide. Ese día discutió con sus padres y finalmente le permitieron ser actor con la condición de que use su verdadero nombre. Así empezó la carrera y el activismo sindical de Enrique Victoria.

La lucha no acabará con la promulgación de la modificatoria de la ley, la lucha continúa. “Ahora vamos a empezar una batalla muy fuerte contra los transportes. Si te subes a un bus o a un avión, pasan una película, y deben pagar por eso”, afirma Enrique demostrando que sus ánimos no decaen con la edad. Dice que “nunca se va a jubilar porque si lo hace, al día siguiente estaría muerto”. Enrique Victoria es un luchador permanente, de aquellos que siempre encontrarán un motivo para batallar y cuya ausencia se lamentará cuando dejen de hacerlo.

[Publicado en la revista Carta Abierta N°4]

Sobre El Autor

Alejandro Guzmán

Fundador y miembro de Carta Abierta. Comunicador social. Licenciado en Periodismo de la PUCP, donde es Jefe de Práctica. Fue finalista del Premio Nacional de Periodismo 2015. Es egresado del XXV Taller de Formación Actoral de Roberto Ángeles.

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