El año 2015 ha reafirmado la tendencia de este último lustro en el panorama literario limeño: el afinamiento de las estrategias comerciales del lado editorial y de los propios escritores como promotores de sí mismos. Se ha vuelto más común que los narradores publiquen sus obras en sellos transnacionales, lo que les permite asistir a ferias importantes del extranjero y entablar relaciones con personas vinculadas al mundo literario. A esto se le añade  que los escritores utilizan, de manera continua, el Facebook como plataforma para mantenerse  comunicados con sus seguidores, expresar sus opiniones e informar acerca de sus actividades literarias. Hasta allí, la situación me parece saludable y auspiciosa.

Pero este mejoramiento del  aspecto comercial para la narrativa limeña no implica, por  supuesto, una mejora en la calidad literaria. Si bien la capacidad logística ayuda a que el libro  sea colocado en las librerías y que su difusión sea más copiosa, el trabajo con la edición de los  textos no es tan pulcro como sería lo esperable. Estas empresas se manejan bien en la  distribución, pero no marcan una diferencia tan contundente en lo que se refiere a la limpieza de los textos. En general, editoriales grandes y chicas padecen del mismo problema: las obras publicadas no han sido revisadas con detalle. La solución parece simple: debe elegirse a personas capacitadas para que realicen ese fino trabajo. El conocimiento de la normativa y la consciencia de las libertades estéticas en el arte de la palabra son dos aspectos ineludibles para un editor, e incluso para un corrector, cuando de literatura se trata. Lo triste es que tampoco contamos con tantos escritores que conozcan estos ámbitos. La situación se vuelve insostenible cuando uno de los involucrados- autor o editor- cree tener la razón y corrige el texto sobre la base de reglas de normativa mal aprendidas o hasta inventadas, lo que es signo de impericia y desinterés.

Si esto se tratara solo de erratas, la solución sería sencilla, pero sospecho que hay un asunto más grave. Pienso que este último lustro no ha marcado ningún punto de quiebre en nuestra narrativa en cuanto a la calidad de las obras. Todo este barullo comercial en el circuito literario- fuera de él esos ruidos apenas se oyen termina por engañar a los lectores menos entrenados, que se maleducarán en el gusto y creerán que el bullicio publicitario se corresponde de manera directa con la calidad literaria. ¿A más bullicio, mayor calidad? Esa es la trampa comercial y debemos huir de ella para preservar a la literatura con buena salud.

Lo que se obtiene con esta mejora comercial de la literatura limeña son más ejemplares vendidos, mayor posibilidades de figuración y la obtención de elogios a corto plazo. La mejora de la calidad artística sigue siendo una tarea pendiente para todos los que estamos involucrados en la literatura. En esta nueva jungla de autores, conviven plumas valiosas y vistosos plumíferos carentes de vuelo. Lo nocivo es que tanto cálculo comercial le puede restar espontaneidad a la literatura en cada uno de sus procesos, desde la creación misma hasta la promoción del libro. Ello podría atrofiar la fuerza emocional de las obras y, por ende, su sinceridad. La literatura no nació para que el autor quede bien con todos y noto, de forma alarmante, que casi todos quieren quedar bien con todos. Esto se nota en que son pocos los que se atreven a decir que la obra de un colega le pareció mala. Percibo, detrás de esa conducta, el frívolo miedo de ser aislado y criticado. ¿O acaso significará que el autor no está convencido de su talento y de la potencia de sus creaciones? La buena literatura siempre encuentra una forma de prevalecer y ello es difícil de notar a corto plazo. La literatura es el arte de la paciencia y el silencio. Paciencia y convencimiento. Paciencia y trabajo. Pasar más tiempo en soledad que en sociedad. Durar frente a un tema, como escribió Juan Carlos Onetti. Durar por siempre.

[Publicado en la revista Carta Abierta N° 9]

Sobre El Autor

Giovanni Anticona

Egresado de la facultad de Letras y Ciencias Humanas de PUCP. Literato.

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