Durante esta campaña electoral han surgido iniciativas teatrales que abordan temas políticos desde diferentes ángulos. Todas exploran el lado humano de los personajes y buscan hacer memoria desde la exploración escénica.

“Les pido su voto de confianza. Aunque les cueste creer, es gracias a ustedes que hemos llegado hasta aquí. Esa es la única respuesta a este asombroso repunte en las últimas encuestas. Yo no vengo a prometer una patria utópica, vengo a devolverles la esperanza”. Estas líneas podrían haber sido pronunciadas por varios candidatos reales a la presidencia de la República, pero son de Cora Salas, la candidata de Patria Única en la obra No vas a ganar, de Cristhian Palomino, montada en Microteatro.

Tres candidatos, uno de derecha, uno de centro y otro de izquierda, se disputan los votos del electorado poniendo en práctica diferentes artimañas y haciendo una campaña en la que todo vale. Esto también podría ser una descripción de la campaña real, pero sucede en la obra Bota por mí.

 

Reducir la distancia

Es el día de las elecciones. Uno de los miembros de mesa está esperando a sus compañeros. Aparece una chica que habla por teléfono con sus amigos para coordinar un paseo a la playa que harán inmediatamente después de votar. Él le pide que se quede pero ella está dispuesta a cualquier cosa con tal de irse. Esa obra se llama Miembro de mesa y es parte de la temporada titulada ‘Por tus elecciones’, que se presenta en Microteatro hasta el 10 de abril, el día de la primera vuelta.

Gabriel González, actor de la obra Ruido, comenta: “Creo que muchos jóvenes decidimos desentendernos de la política porque creemos que a nuestra generación no le tocó luchar por nada. Sentimos que la guerra ya acabó y tuvimos la suerte de no vivirla”. Gabriel tiene 25 años, edad cercana a la que posiblemente tenga Caro, el personaje que interpreta Alexandra Barandiarán en Miembro de mesa.

El teatro puede servir como herramienta para reducir la brecha entre la política y la ciudadanía. “El teatro es inmediato”, opina Yanira Dávila, directora de Reality, otra obra que se viene presentando en Microteatro. Para ella es posible que las artes escénicas achiquen la distancia entre el público y la política. Malcolm Malca, coautor y director de Purgatorio, que también se presenta en Microteatro, cree que los políticos son metáforas de nuestra propia idiosincrasia y por eso verlos representados desde el lado humano es interesante y útil para entenderlos.

 

Las iniciativas

En los últimos meses la oferta teatral limeña ha presentado varias obras con contenido político. La actual temporada de Microteatro pone es escena, repartidas en sus tres horarios, a Purgatorio, Proyecto D, No vas a ganar, El elegido y Miembro de mesa, que tienen una relación directa con las elecciones y la política. Las demás obras de la temporada tratan sobre otro tipo de decisiones.

También se ha estrenado Ausentes, un proyecto escénico de producción ambiciosa que lleva a la ficción la toma de una carretera por comuneros en respuesta a la intervención de un proyecto minero. La fecha de estreno, el 10 de marzo último, “fue a propósito”, según cuenta la productora general Lorena Peña. Querían poner el tema en la agenda electoral y hacer una reflexión sobre las relaciones de poder en el Perú. Estará en el auditorio del ICPNA del centro de Lima hasta el 18 de abril.

Además, en estos meses se reestrenó Bota por mí, en el teatro Peruano Japonés. Esta obra es una creación de los actores Carlos Carlín, Pablo Saldarriaga y Christian Ysla, junto a la banda La Roja. En la comedia los tres candidatos compiten por ganarse el voto del público, que se somete a un conteo real, de manera que tiene tres finales posibles. El humor marca a esta producción, con el estilo que dominan los actores que han compartido escenarios en otras puestas como Perú Jaja.

Otro reestreno que ha sonado bastante es el de Ruido, de Mariana de Althaus, presentado en el Centro Cultural de la PUCP. La primera versión se montó en 2006, cuando Alan García también era candidato. No es coincidencia, la obra está ambientada en el primer gobierno del líder aprista y se desarrolla alrededor de los problemas cotidianos de la época, como los toques de queda y los apagones.

Sin título, técnica mixta, del Grupo Yuyachkani, también se ha repuesto del 4 de marzo al 9 de abril, con una versión revisada. Este colectivo teatral es un ícono del teatro social en el Perú. Sin título es un recuento de la historia republicana peruana, con críticas construidas desde la exploración escénica y, al igual que Ausentes, no está montada en un teatro convencional.

La guerra de los pañales fantasma es otra obra que tiene relación con la campaña actual. Se repondrá desde el 6 de mayo en El Galpón. Está basada en una serie de reportajes de IDL-Reporteros sobre el escándalo de los pañales perdidos por el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, que generó un enfrentamiento entre las exministras Ana Jara y Carmen Omonte, quien pretende reelegirse como congresista en la campaña actual.

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Basados en una investigación periodística, cinco artistas escénicos del colectivo Derramando Lisura crearon La guerra de los pañales fantasma, que reflexiona sobre la impunidad de las autoridades políticas. Foto: Sergio Zuñiga

 

Exploración escénica

Aunque estas obras coincidan en abordar temas políticos en plena campaña electoral, tienen marcadas diferencias escénicas. Además de que están construidas en géneros distintos, la exploración previa al montaje ha sido diferente y especialmente importante para determinar la puesta en escena.

Purgatorio, de Vera Castaño y Malcolm Malca, muestra la relación entre Vladimiro Montesinos y Matilde Pinchi Pinchi empleando el discurso dirigido al público, y además, ha sido creada desde una investigación documental y escénica.  “Empezamos viendo videos en donde ella declaraba, luego también leímos algunas declaraciones y entrevistas. Hicimos lo mismo para conocerlo a él. Vimos un reportaje en donde analizaban el comportamiento físico y vocal que tenía. Todo lo que investigábamos lo íbamos probando en el espacio y veíamos si funcionaba”, cuenta Vera Castaño, quien interpreta a la exasistente de Montesinos.

Ausentes tuvo un proceso de investigación de seis meses, entre mayo y octubre del año pasado, en el que sus creadores entrevistaron a especialistas, periodistas, activistas y viudas de policías, según cuenta la productora Lorena Peña. El espacio está intervenido no solo por actores, sino también por músicos que tocan en vivo, bailarines, y herramientas multimedia. Todas estas formas escénicas han sido encausadas por el director Rodrigo Benza para presentar un problema que han tenido que enfrentar los últimos tres gobiernos: los conflictos sociales.

En La guerra de los pañales fantasma los cuatro actores y el productor hicieron una creación colectiva dándole humor a un tema denso. A partir de las investigaciones periodísticas del caso crearon una situación ficticia desde la que se cuenta la historia.

 

Hacer memoria

Mientras los espectadores de Ruido hacen cola para entrar a la sala, ya están siendo introducidos a un viaje en el tiempo para llegar a los años 80, y no solo por estar haciendo cola, sino porque alrededor de la puerta de ingreso al teatro la producción ha colocado recortes de periódicos de esos años, en los que se anuncian los problemas por los que pasaba el país. Incluso, esos recortes hacen memoria del pasado de dos candidatos presidenciales actuales: Alan García y Alfredo Barnechea, quien en 1983 postuló a la alcaldía de Lima por el Apra y luego fue elegido diputado representando al mismo partido.

Hacer memoria es una de las consignas de algunas de las obras referidas. “Creo que varios no escuchamos ese ruido ensordecedor que claramente nos está diciendo que no basta sólo con generar reflexión, sino que hay que hacer algo para que esos años nunca más vuelvan”, comenta Gabriel Gonzalez, y continúa contando que en la primera lectura de Ruido hicieron memoria de esos años y se preguntaron si la ceguera aún existe, “nosotros creímos que aún persistía”, sentencia el actor.

 

El lado humano

“Cora Salas le da la espalda a su hijo homosexual”, es el titular de periódico que planea hacer que se publique el hijo de la candidata en No vas a ganar. “No soy una mamá convencional”, dice Salas en otro momento. El personaje interpretado por Kathy Serrano es una madre que no escucha a su hijo, que debió abortarlo pero está en contra del aborto, que cree que la homosexualidad es una enfermedad y su hijo es gay. ¿Cómo son los políticos en su casa, con sus hijos, después de comer cuy chactado en una actividad de campaña? “No conocemos a los candidatos como personas”, dice Cristhian Palomino refiriendo que esa fue la motivación que lo animó a escribir su obra.

Buscar el lado humano de los políticos ha sido una coincidencia en la mayoría de estas obras. Vera Castaño cree que Purgatorio busca encontrar cuál es la relación entre lo humano, la traición y la lealtad. En la obra el poder es comprendido también desde el lado humano. Malca resalta que a veces las personas confunden amor con admiración y, en el caso de Montesinos y Pinchi Pinchi, la admiración se traduce a través del poder. “El vínculo se alimenta de lo político”, complementa la coautora.

Proyecto D también busca analizar el lado humano de un tema polémico y vigente: la unión civil entre personas del mismo sexo. El actor Carlos Casella indica que esa obra se centra en la historia de los personajes más que en su contenido político, y el asistente de dirección Daniel Cano remarca que no quieren ser panfletarios.

En Ruido el factor humano también está presente, toda la obra transcurre en la sala de una casa de clase media en Lima en donde vive una familia con personalidades muy marcadas y recibe la visita de una vecina que está pasando por un drama matrimonial.

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Vera Castaño y Gonzalo Molina interpretan a Matilde Pinchi Pinchi y Valdimiro Montesinos sin caracterizarlos. Afiche: Guillermo Palacios/Difusión.

 

Reflexiones políticas desde el teatro

El teatro puede ser un vehículo político, una plataforma para hacer pensar a los ciudadanos antes de votar. Aunque la mayoría de comprometidos es estos montajes considera que no buscan defender posiciones políticas, sí pretenden generar reflexión.

“Debemos cuestionarnos y el teatro es una buena forma”, comenta Cristhian Palomino. Castaño cree que estas puestas en escena sirven para reflexionar sobre quién está detrás del poder. El Loko Pérez, autor de El Elegido y actor en La encrucijada de Julio Ramón, dice que él escribió su obra respondiendo a una motivación: se debe pensar antes de votar y es importante llamar la atención sobre las consecuencias que puede traer marcar el símbolo de uno u otro candidato.

La política llegó al teatro en distintas formas y buscando diferentes reacciones, pero todas las puestas tienen el mismo mensaje: hay que preocuparnos por saber por quién votamos.

[Publicado en la revista Carta Abierta N° 10]

Sobre El Autor

Alejandro Guzmán

Fundador y miembro de Carta Abierta. Comunicador social. Licenciado en Periodismo de la PUCP, donde es Jefe de Práctica. Fue finalista del Premio Nacional de Periodismo 2015. Es egresado del XXV Taller de Formación Actoral de Roberto Ángeles.

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