Desde hace diez años, un chamán con una laptop atiende las necesidades místicas de los peruanos en el mundo.

La habitación tiene un esqueleto llamado Cleriberto que lleva un vestido negro. Sobre una repisa: alas de murciélago, plantas curativas, estatuas católicas, andinas o egipcias. En una mesa, un Tarot desordenado y una Macbook abierta en una videollamada por Skype que conecta a un peruano de 35 años que vive en Florida con un chamán de 60 años que trabaja en Los Olivos, al norte de Lima. El hombre detrás de la pantalla dejó el Perú cuando terminó el colegio, hoy trabaja en una empresa de ropa y está enamorado de un compañero gay. La videollamada es para que el chamán le haga un amarre.

El chamán es Juan Osco. Lo primero que se ve al entrar a su consultorio, es un cuadro gigante pintado con su rostro de barba y ojos intensos, las paredes están cubiertas con fotografías de los personajes mediáticos que ha atendido: farándula, políticos y periodistas. El chamán que ha trabajado para un par de presidentes, unos cuantos millonarios y unas tantas actrices recibe a unas veinte personas diarias. El cuarto siguiente es su lugar de trabajo, su santuario o laboratorio. Está rodeado por cabezas clavas, estatuas de vírgenes, santos católicos, adornos de diversas religiones, una espada, un altar, las luces apagadas y velas, una mesa y una laptop.

—En este mundo actual no solo se modernizan los profesionales médicos o los científicos, sino también los chamanes. El chamanismo no podía quedarse atrás- dijo Osco antes de atender al Skype.

Casi todos sus contactos son peruanos que dejaron el país. Se calcula que desde 1990, la cifra de emigración nacional es más de 2.5 millones, lo que representa a 8.5% del total de habitantes en el Perú. Aprender un nuevo idioma o acostumbrarte a un estilo de vida, no te desliga de ciertas creencias. Por esto, el chamán por Skype atrae a peruanos que radican en España, Estados Unidos o Australia. En los diez años que va haciéndolo ha atendido a cientos de peruanos en el mundo, un promedio de cuatro consultas internacionales por semana. El hombre de Florida, se contactó hace veinte días con Osco, encontró sus servicios buscando en Facebook. Su mamá, nacida en Ayacucho, fue la primera que lo llevó a un chamán cuando tenía ocho años y vivían en Lima. Ahora, a pesar de la distancia, sintió la necesidad de buscar a uno.

Biografía mística

Timoteo Osco, el papá de Juan Osco, era un curandero Altomisallo respetado en Puquio, Ayacucho. Pero Juan no aprendió de su papá, en realidad no lo conoció nunca. Viajó a Pucallpa con su mamá cuando era niño y se instaló en una chacra de familia. Ahí sorprendía a los vecinos con su íntima conexión hacía los animales. Pasaba horas de horas rodeado del ganado. Uno de los trabajadores de su chacra era un curaca de la comunidad de los Yaminahuas, llamado José Ramírez. A los 14 años, Osco se enamoró de la hija de Ramírez y se convirtió en discípulo del padre, conoció sobre plantas curativas y sobre la Ayahuasca. Ser el yerno del curaca hacía que este le confiara todos sus secretos: rituales, curas, limpias, vapores. Entonces, le contó a su mamá lo que estaba aprendiendo. «Saliste como tu padre», dijo ella. Juan Osco hasta ese momento desconocía que su papá era brujo.

Juan Osco -también conocido como El chamán de los Andes- atiende en su consultorio ubicado en los Olivos.

Ese grupo de Yaminahuas iba de sitio en sitio buscando trabajo y, al cabo de dos años, se marcharon. Luego de eso, Juan Osco decidió viajar a Lima para saber cómo era el chamanismo en la capital. «Quedé desilusionado, había muchos estafadores». Decidió viajar durante diez años por todo el Perú, pasando por Ecuador, Chile, Brasil y Estados Unidos. Con los conocimientos que había aprendido en Pucallpa fue de lugar en lugar enseñando la importancia de ciertas plantas curativas. En eso estuvo hasta que empezó a ganar protagonismo en las ferias de chamanismo. Decidió que era momento de regresar a Lima. Empezó abriendo un local y atendiendo consultas por teléfono. Hace diez años le contaron sobre internet, se creó un fanpage en Facebook, una web y luego una cuenta en Skype.

El consultorio del chamán

«El 80% de los que vienen es por amor. Es por lo que más vienen», dice Juan Osco mientras saca del reverso de una estatua de San Pedro una foto doblada de una pareja besándose. «La chica trajo la imagen. Su novio es muy sacavueltero» El chamán le recetó baños de rosa y una sustancia para que eche en la ropa interior. En un arte que se suele basar en la fe, Juan Osco ensaya una interpretación científica: «Las personas se mueven por la química que emanan otros cuerpos. Si tienes un conocimiento de cómo producir el olor indicado con plantas, pueden enamorarse de ti»

Los pacientes- como les dice Osco – también vienen por razones como dinero, salud o ascenso social. «Así es la gente. Podría acudir a un psicólogo, a un sacerdote, pero cree en nosotros». Con más de cuarenta años en este rubro ha conocido los más oscuros impulsos inquietudes, miedos y deseos de las personas. Le han pedido amarres de pedofilia, pero jamás acepta. También que asesine personas, pero les dice que busquen en otros sitios webs. «En internet hay de todo. Hasta de lo que lo que menos pensamos»

“Hacemos amarres. Curas. Limpias. Todo por skype”, dice y señala una Macbook desde donde hace los rituales.

Esta mañana de viernes, el chamán abre su consultorio y entra una señora con su hija. La trae para que le curen su inapetencia. La madre se sienta a la izquierda del altar y la niña en una silla frente al chamán, que pasa su mano y rompe un huevo en su frente, lo tira sobre un recipiente y dice: «Mira, parece una tortilla, a alguien más de la familia le han hecho daño, y le está afectando»

—Es muy importante venir, muy importante. Así uno esté lejos tiene que venir- dice la mamá sentada mirando a su hija, asintiendo a lo que dice el chamán.

Amarre en una videollamada

Primero, es la consulta, luego el pago. El chamán sabe que quienes recurren a él no se arriesgan a estafarle. Para pagarle la consulta, el hombre de Florida reembolsará trescientos dólares por Western Unión. También ha pedido un amuleto que llegará por Serpost. Si esto fuera un hechizo para tener riqueza, el chamán habría mandado un talismán por el correo. Si fuera para hacerle contra a un enemigo, habría pedido que pise una fotografía frente a la webcam.

Pero esto es un amarre.

Lo primero que hace Osco es solicitarle al hombre de Florida una fotografía en la que salga junto a quien recibirá el amarre. Esta es para que el chamán la imprima. Lo siguiente es indicarle que sostenga frente a la webcam dos fotografías: una suya y la otra de quien está enamorado.

—Sostén la foto de tu pareja al lado del corazón y tu foto al lado derecho- le dice y le hace repetir el siguiente credo- Uno las fuerza de mi corazón con tú corazón- le indica que junte ambas fotos cerca a su corazón- Te tengo en el latido de mi corazón, te tengo en la fuerza de mi poder, estás amarrado, cada latido es un pensamiento tuyo. Con el poder psíquico y mental te tengo amarrado, serás mío, te tengo amarrado. Repite el nombre. Repite el nombre de tu amado-

—Esteban- dice el hombre después de repetir el hechizo- Esteban, Esteban

—Muy bien. Ahora, pondré la fotografía en mi laboratorio- dice el chamán

El hombre de Florida tuvo que comprar ciertas especies como Puzanga y una vela de amarre con miel en una boutique esotérica que encontró tras una búsqueda en internet. Después de media hora de amarre, Juan Osco se despide y cierra el Skype. En la noche tiene otra sesión de un peruano en España. Ahora camina hasta su santuario y pone la fotografía en el reverso de su estatua de San Pedro. «Hay que esperar unas dos semanas», dice Juan Osco. Entonces, regresa hasta donde su Macbook y revisa que esté bien conectada al cargador.

 

[Publicado en la Revista Carta Abierta N°12]